El amor es una gran rueda de la fortuna en la cual, como bien dice una amiga, unas veces estamos arriba y otras abajo, es una montaña rusa o un cuento de hadas que en cualquier momento puede ser tomado por la malvada bruja.

Y Aunque se diga que el tema ya no da para más, basta estar en una reunión (regularmente de mujeres) para entender que aunque aparentemente no haya que decir, siempre surge algo entorno del Amor: La nueva conquista de una amiga, la más reciente desilusión de otra, el último pleito marital y hasta la declaración de guerra contra el sexo opuesto de varias.

Conforme crecemos, vamos entendiendo que la historia enseñada no es del todo cierta, leemos libros que nos explican que los príncipes no existen, damos aliento una y mil veces a amigas con el corazón roto e incluso, cantamos con varios tequilas encima canciones de "Paquita la del Barrio y  la Dalessio", a veces por solidaridad y otras por desahogo. Sin embargo, con todo y la conciencia que los años y las múltiples desilusiones nos otorgan, hay algo dentro de nosotros (tal vez es genético) que mantiene una esperanza, un radar que de manera inconsciente y en todo momento, está "detectando" cualquier partícula en el ambiente que huela a "príncipe" y es que como bien dice  "Carrie" en algún capitulo de Sex and the City: "En el fondo, todas queremos ser rescatadas".

Así pues, pasan los días, pasan los años y seguimos esperándolo, sin embargo, nos damos cuenta que los príncipes vienen en diferentes presentaciones y que el color varía en relaciòn a la época que se vive: A los 20s, estabamos convencidas de que eran azules, hermosos, perfectos  y sin embargo, muchas de las historias que ahi se comenzaron a escribir, no tuvieron un final feliz. Poco más tarde quizás los veíamos un poco negros, pues reflejaban la rebeldía, la autonomía, esa edad en la que ya eres independiente, te quieres comer al mundo con tus propios medios y que mejor que un príncipe "Rebelde sin causa" para ello. Hoy,  sabemos que hay otras características que "el principe" puede tener, otros colores, que la variedad es enoooorme y que el color dependerá de lo que nosotras podamos aportar también a la relación.

El principe actual, en sus "middle thirties" o más, normalmente ya compartió su castilito, tiene una bruja de cabecera y en la mayoria de los casos, tiene hijos procreados en otro reino pero... Eso lo hace menos príncipe?

Por supuesto que No!!! Que hubiera dado Cenicienta, Blanca Nieves y la mismísima Pocahontas (princesa India), porque su príncipe hubiera llegado con un buen camino recorrido, más maduro, más centrado y experimentado; por saber que su príncipe esta a su lado por convicción y no por conveniencia. 

Es verdad, hay príncipes que con el paso de los años se convierten en Méndigos (si, con acento en la e) pero también hay muchos que alguna vez calificamos de Méndigos y que hoy por hoy son unos maravillosos príncipes a punto de convertirse en Reyes de nuestro propio reino.

 


 

Y Como diría Arjona:

..Y aún sabiendo que no eres el mejor partido 
Dime quién puede contra cupido 
Y es que si yo no he sido un monje 
Porque voy a exigirte que seas santa! 
Si el pasado te enseñó a besar así 
Bendito sea el que estuvo antes de mí