El tiempo
Que fácil es hablar del tiempo cuando se trata de pedir más, cuando a costillas del ajeno extendemos un momento, un sueño o una despedida. Quién decide cual es el mejor momento para decir adiós o para comenzar algo? a juicio de quien es "el momento"?
Si los tiempos de Dios son perfectos porque nos empeñamos en desafiarlos, porque nos aferramos a vivir a destiempo, en la lucha constante contra lo que es, viviendo del pasado y malgastando el presente gota a gota, minuto a minuto para después ocupar el futuro en el inútil análisis del "hubiera".
Quién dice que la lucha por un sueño no es la pelea más sutil contra la voluntad de Dios? Que es nadar contra corriente del destino? Porque no reconocer de una buena vez que esas pruebas que encontramos en el camino no son más que señales que nos dicen una y otra y otra vez, deja de insistir y aléjate.
Y si el tiempo es algo tan preciso, porque el mismo minuto se puede hacer etéreo o eterno según las circunstancias, según los sentimientos y peor aun, en ese ùltimo momento...
Y como diria Alejandro Sanz:
Ahora que tengo la ocasión,
quiero que hablemos los dos: tú, de mí;
yo, de ti, del corazón, ¡que sí!
que nunca es bueno el momento
hasta que no hay otra opción.
Siempre es el mismo cuento...
ese último momento.
Hoy que tenemos la oportunidad
-la tengamos o no-,
nos callaremos los dos: tú, por mi;
yo, por ti, por no enredar, ¡ya ves!
¿por qué será que lo hacemos?
incluso, viendo llegar
ese último momento,
cuando no queda tiempo, cuando no queda tiempo,
para decir, siquiera:
"te voy a echar de menos".
