Hubo una vez un hombre que sufria del corazòn pero no por enfermedad congénita sino por desazòn. Resulta que despuès de muchos años se diò cuenta que la vida que vivía no era la suya, no la queria y decidió emprender un nuevo viaje, una nueva aventura.

Y fue asi que partió pero cuando lo hizo, solo tomó una maleta pequeña pues queria viajar ligero, sin estorbos, sin historia ni culpas y casi sin darse cuenta, dejo escondidos tres pequeños bultos que el tiempo le recordarìa cuan importantes le eran.

El viajero anduvo por años, conoció gente y dicen los que le vieron que se reencontró con el mismo, con una nueva vida y que escribió un nueva historia, sin embargo, algo en su mirada no coincidia delataba su secreto, secreto que hasta ese momento ni el conocia, secreto que se reflejaba en su rostro pues a pesar de que era muy feliz, algo le faltaba.

Un dia despertó sintiéndose raro,  sintiéndose viejo, lentamente se incorporó y al mirarse al espejo vió algo que lo perturbó: frente a él habia un hombre torpe, cegaton y desmemoriado que apenas se reconocia asi mismo. Con miedo en sus ojos y un profundo dolor en el alma entendió que era momento de regresar y fue justo ahi cuando una enorme nostalgia lo invadió y en su mente, como por arte de magia aparecieron aquellas 3 maletas que por años olvidó.

Con poco dinero en los bosillos y tan solo un sueter de lana, empredió el camino de vuelta. Conforme avanzaba, comenzó a recordar el contentido de aquellos 3 "bultos" y con lágrimas en los ojos lo entendio todo: la melancolia constante, la  risas mientras dormia, las ganas de volver.

Dicen que cuando llegó encontró todo cambiado,  sin embargo ni siquiera eso lo detuvo. Como quien conoce el sitio de siempre, como quien oye un llamado, caminó fijamente hacia un punto fijo: La iglesia del pueblo. Y asi, sin más, subió lo más rápido posible al campanario, con desesperación removio una piedras sobre puestas y ahi estaban, llenas de polvo y algo de moho las 3 famosas cajitas.

Al verlas echó a llorar, las abrazo y besó por horas, y mientras el sol se ponia, abrió una a una, con tiempo, con calma: Eran las fotos de sus hijos, sus cartas, muñecos  y recuerdos. Hijos que la vida le habia arrebatado en la guerra , eran su alma, su vida, su razon y su fuerza; fuerza que lo mantuvo firme, que le dio el coraje para rehacer su vida.

Estaba ahi el viejo,  cansado sí, pero contento y muy  tranquilo pues finalmente lo habia logrado. Después de más de 20 años habia conseguido el perdón, el consuelo anhelado, finalmente se habia reconciliado con su pasado. Ya no habia dolor ni dudas, ya no habia vacios ni abandono, el misterio estaba resuelto, estaba todo saldado.  Cayó la noche, lo venció el cansacio y cerró los ojos quedándose dormido para siempre, hasta nunca.