Es el destino cruel cuando ríe a carcajadas poniéndonos delante lo que quisimos evitar. Nos persigue, nos acorrala hasta alterar nuestra respiración, invade nuestro cuerpo y se expande como un virus en el alma.
Malestares, sin sabores y hasta insomnio provocado por la angustia de saber que está ahí, acechándonos como un buitre a la espera de un gran banquete, esperando un descuido, un espacio para volver a aparecer y nuevamente recordarnos lo que pudo y no es; lo que fue y no debió ser...
¿Pero que no te has dado cuenta que si te evito es porque no te quiero, Que si te huyo es porque me duele, Qué si te niego es por el miedo de aceptar que nada puedo cambiar?
Ay Destino, volvamos a empezar!!! Apiádate de mi y déjame continuar; háblame al oído, dime cosas tiernas y convénceme de nuevo de que tu camino es el mío. Engáñame, sedúceme o déjame en paz.


Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados